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HASTA SIEMPRE DIEGO, GRACIAS POR SER DE VÉLEZ

Aún no salgo del asombro. Es difícil digerir una pérdida tan inconmensurable para quienes amamos el futbol como lo es la de Diego Armando Maradona. Y mucho más sabiendo que Maradona, El Diego, Pelusa de Fiorito, D10s, era un Fortinero de ley. Como vos y como yo.


No, no estoy equivocado: Diego era de Vélez. Maradona era Fortinero cuando pisó por primera vez el Amalfitani en 1976 en su primer año como profesional y en cada visita a lo largo de tres décadas con las camisetas de Argentinos Juniors, Boca y la Selección Argentina. Diego era de Vélez hasta por fuera del fútbol: hizo vibrar al estadio saliendo a escena con Queen en aquella eterna noche de 1981. Historia dentro de la historia.

Diego era tan de Vélez como su sueño de ser campeón mundial cuando todavía entrenaba en canchas de tierra, del mismo modo que aquel Vélez de los 90´construía la leyenda en los terrarios del Poli.

Maradona era tan de Vélez que en los 90´estaba en la cima del mundo como nosotros y para el inicio del nuevo milenio las diversas crisis nos doblaron pero no rompieron: años de sufrimiento más tarde ambos volveríamos más fuertes.

Diego y Vélez estamos tan íntimamente ligados que hasta en las malas somos uno. A ambos nos vincularán con la maldita dictadura cuando ya no se sepa cómo criticar tanta grandeza. “Le pagaban el sueldo los milicos”, “te hicieron la cancha los milicos” repetirá, casi como un mantra, algún caído de la palmera cuya ignorancia es sólo comparable con su pequeñez.

Mirá lo de Vélez que era Maradona que hay una foto más que conocida de su estadía en Cuba con la V azulada -la azul con la V blanca para hacer honor a la verdad-. Igual que vos o yo cuando estamos en la mala, Diego buscó refugio, protección y consuelo bajo nuestro manto sagrado. 

Y mirá también lo que es el destino que desde su regreso al fútbol argentino no había podido volver a pisar el Amalfitani. Hoy, tras varios sorteos de localía desfavorables y una vida que es una tómbola, como bien canta Manu Chao, deberíamos estar recibiendo al Gimnasia de Diego. Hoy era el día para homenajearlo como lo hizo cada estadio al que fue a jugar con el Lobo platense. Pero vaya premio consuelo será que nuestra casa, la mole de cemento tan muda como elocuente, ha sido el último estadio por el que haya pasado Diego antes de su descanso eterno.

Me cuesta creer y entender que no vamos volver a ver al Diego. Firmó contrato con Dios y se fue a jugar al cielo para siempre. Algún día, mientras estamos en lista de espera, podremos ir a verlo jugar nuevamente allá arriba. Mientras tanto, hoy lloramos la pérdida de un Fortinero como pocos. Porque Diego era de Vélez. Era tan de Vélez como de Boca, el club de sus amores. Era tan de Vélez como del Argentinos Juniors que lo vio nacer. Tan de Vélez como del Independiente de Bochini y el Chivo Pavoni al que iba a ver e idolatrar de pibe cuando no tenía ni para jugar con tierra. Tan de Vélez como del Newell´s que lo abrazó de vuelta previo a su último Mundial. Tan de Vélez como del Gimnasia y Esgrima de La Plata que le permitió “perfumarse de césped” por última vez. Tan de Vélez como de Racing, Mandiyú de Corrientes o San Lorenzo. Tan de Vélez como de Olimpo de Bahía Blanca, de Godoy Cruz de Mendoza, de Altos Hornos Zapla o de cualquier otro club del fútbol argentino. Porque Diego Armando Maradona era un pedazo inmenso del fútbol argentino y mundial.

Hoy, desde este rincón de un mundo que te llora, sólo me queda decirte GRACIAS DIEGO, HASTA SIEMPRE.

Emiliano Curuchaga

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