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Destino de estatua, presente de escombro

DhTquEoVAAELJZ2¿Cómo no te va a doler? ¿Cómo no vas a estar enojado? Más vale que lo vas a estar, del mismo modo que lo estoy yo. Pero como siempre intento: ganar o aprender. ¡Dejate de joder viejo! ¡Sos de Vélez carajo! Nos tocó ver partir a Carlitos Bianchi a Boca mientras nosotros luchábamos el campeonato económico para que él los llene de gloria. Y hoy esperamos a que El Fortín juegue de local para poder recibirlo y hacerle saber cuánto lo amamos. Hasta Chila coqueteó con Boca, incluso el Turco Asad. Mi viejo vio partir al Carlitos jugador, a Willington y a tantos otros. ¿Duele? Reitero: sí, obvio, mucho. Sobre todo porque traicionaron la palabra empeñada. Te mandaba cartas de amor mientras tomaba un café con otro. Te juraron amor eterno y hoy lo ves pasear de la mano de quien menos te esperabas. Es tiempo de madurar Fortiner@s. De demostrar quién queda de cada lado de la Avenida Juan B. Justo.

Un amigo me contó que intentó explicarle a su hijo de 5 años, a quien el ex ídolo lo dejó con la capa tirada y llorando por su héroe, que el jugador no sentía a Vélez como lo sienten ellos dos y que eso es lo que lo tenía que llenar de orgullo. Y eso es lo que debemos sentir: ORGULLO. El orgullo de haber hecho las cosas bien, aunque del otro lado no haya sido recíproco. Porque así es la vida: te van a engañar, mentir, faltar a la palabra, se van a ir con otra, otro u otros. Te va a cagar un jefe, un compañero de trabajo y hasta el mozo con el vuelto. Vas a sentir que perdiste tiempo, plata, palabras, lágrimas. Y siempre lo importante es haber dado lo mejor de uno y quedarse con los momentos lindos y la madurez para evitarlo o reconstruirse lo antes posible. Porque estamos ante la inigualable oportunidad de demostrar madurez señoras y señoras. Y madurez para demostrar, como demostró Vélez a lo largo de toda su historia, que se levanta de sus caídas más fuerte y lo que viene es mejor.

Para que la fruta dé su jugo es necesario que se desprenda del árbol en el momento justo de madurez. Pero en este caso que quede algo muy en claro: nosotros somos el árbol, que dará nuevos frutos, mientras que el que decidió desprenderse antes tal vez se pudra en el piso.

Somos más, muchísimo más que la puteada fácil, que la amenaza, que involucrar a quienes nada tienen que ver. Demostremos estar a la altura de lo que construimos con orgullo, sacrificio, madurez y unidad.

Somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras. Pero por sobre todas las cosas somos dueños de nuestros actos. Cada uno elige qué y quién quiere ser con sus acciones. Hoy tenemos la suerte, en medio del dolor, de tener un ejemplo por antonomasia de lo que pasa cuando escuchas más al bolsillo que al corazón. Más al ego que a la familia. Más a quien te calienta que a quien te ama. Esa sordera es producto de la inmadurez, como el nene chiquito que se tapa las orejas para no escuchar lo que no quiere. La misma inmadurez que transforma un destino de estatua en un presente de escombro.

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Emiliano Curuchaga @Emi_Curu