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Desde el Banco: Unión

Hoy es toda tuya Omar. ¡Gracias, felicitaciones, es toda tuya! Así como hace un mes atrás te hice responsable por perder dos puntos contra Huracán, así como en el fútbol pasas de villano a héroe y viceversa en una jugada, o la planificación emocional del fin de semana cambia en 5 minutos, hoy la dinámica de lo impensado te hace acreedor de todo el mérito.

El cachetazo contra Boca parece haber generado el golpe de espabile que necesitaba este equipo, tanto en la cancha como en el banco. “Es tiempo de los pibes” dijo, y me conquistó, cuando las irresponsabilidades de los grandes hicieron obligatorio meter mano en el tablero y sacarle presión a una olla que estaba empezando a reventar. Y ese es su mérito y mi motivo de felicitación Omar: que no me engañó. Que mantuvo la templanza, la paciencia y la idea. Que fue fiel a su convicción hasta la última, y que tomó las decisiones indicadas en los momentos precisos. Porque la apuesta al piberío en Bahía Blanca la revalidó ayer en Liniers, con todo el riesgo que ello implicaba.

Porque cuando desatenciones del tipo “lateral, pelotazo, retrocedemos mal, empate y andá a saber cómo salimos de esta” aparecieron por la noche sabatina, usted se la jugó y puso todo lo que tiene Vélez (en cuanto a nombres, rendimientos y actitud) para ir por los 3 puntos.

Pero atento amig@ lector, vayamos de a poco: Vélez es esto. Con los aciertos y los errores, y más allá de la euforia con la que llegó a su casa y abrazó y besó a quien se le puso adelante, Vélez es un equipo con el que vamos a sufrir más de lo debido. Porque Vélez, y más aún si sigue esta apuesta, es un equipo en formación. Se lo vengo diciendo hace varios DEB: para un 4-4-2 es secreto es el doble cinco y las bandas (4 con 8, 3 con 11), cosa que al día de hoy tiene más variantes que certezas. Que alternará la posesión de la pelota de un partido a otro, las situaciones de gol y el posicionamiento en la cancha, pero que al menos por lo visto en los últimos encuentros intentará suplir sus limitaciones con empuje.

El mérito de un director técnico, más allá de los títulos que pueda llegar a cosechar, es la idea que deja en la cabeza de los jugadores. Desde Bianchi, quien supo ganar todo a don Victorio Spinetto, quien “solamente” nos ascendió en el `43 pero a lo largo de 14 años al mando del primer equipo es gran responsable de la esencia velezana. O el mismo Bielsa en la Selección, a quien jugadores que no ganaron nada bajo su mandato le destacan haber sacado su mejor versión. Es sabido que este Vélez, si bien con esta segunda victoria al hilo se acerca a puestos de Copa Sudamericana, no está para pelear otra cosa que la permanencia y regularización de la situación en la tabla de promedios. Pero si en ese camino deja un equipo y actores técnica, táctica, mental y emocionalmente capacitados para enfrentar a cualquier rival y circunstancia, habrá conseguido allanar el camino para cuando lleguen los tiempos mejores, del mismo modo que los pibitos que agarró Ischia entre el 2002 y el 2004 después se convirtieron en esa máquina campeona del 2005 con Russo.

Por eso mi insistencia amig@ en dejar trabajar a Don Omar. Bánquelo cuando pone a Nasuti, quien toda la vida jugó de Nasuti y no le pida más que reventar todo lo que se acerque a Aguerre, para que sea la experiencia quien se coma la puteada y no el pibe que tenga que hacer zaga con él. Bánquelo también al Burrito y no se desespere pidiendo el cambio, por más que lagunee 85 minutos y encima se erre un penal, porque en el minuto 86 recupera la memoria y se apila a medio Santa Fe para dejar al Monito Vargas de cara al gol, al regreso triunfal y al concepto de “cambio ganador” para los muchachos del otro lado de la línea de cal. Acá se está haciendo docencia por encima del resultado, porque uno será consecuencia del otro, y todos conocemos las dificultades que se presentan en ese proceso por estos días. Si todos los equipos siempre quisieron hacerle difíciles las cosas a Vélez en sus mejores momentos, imagínese hoy que estamos empezando a sacar la cabeza del agua para recuperar aire. Anoche supimos sacarnos de encima a un Unión que vino a hacer el negocio de todos: jugar con nuestra desesperación y llevarse puntos a costa de nuestras miserias. Empezar a superar con victorias esos escollos es clave en nuestra lucha de hoy.

Aguante también si el próximo martes las cosas no salen de la mejor manera porque vamos a enfrentar a uno de los mejores equipos de los últimos años ante su gente. No sea exitista, entienda que el caudillito que lleva la 35 en la espalda es un nene de 20 años y dos partidos en Primera y se puede equivocar. Y se lo digo por experiencia: anoche, antes del gol del Monito, estaba pensando cómo terminar el sábado, encarar el domingo y el lunes en la oficina con ganas de mandar a todo el mundo al carajo y lamentándome cómo Unión, sin nada, me dejaba con tanto desánimo.

Dicen los que saben que las finales no se analizan: se ganan. Y tal como venimos insistiendo El Fortín cada semana se juega una final. Por eso le pido disculpas por la posible falta de análisis pero la emoción hoy supera a la razón y con el resultado puesto podemos hablar de que todo salió bien: la formación, el esquema, los cambios, todo. Hasta los errores arbitrales pasan a un segundo plano cuando la victoria queda en nuestro bolsillo, haciendo referencia al alevoso penal no sancionado en el primer tiempo, porque finalmente se juzga lo que pasó y no lo que podría haber pasado.

Cuando terminó el partido, y mientras me dirigía a un compromiso, me llegó un Whats App de un amigo preguntándome “¿Emi estás vivo?”, cuya respuesta fue “Si, más vivo que nunca”. Porque como le dije hace algunos párrafos, vamos a tener que sufrir más de lo debido. Pero si el equipo demuestra como ayer que cuando no se puede con los pies hay que poner el corazón, entonces nosotros seguiremos vivos. Más vivos que nunca.

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Emiliano Curuchaga @Emi_Curu

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