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Desde el Banco: Tigre

¡Ahora sí Omar! Dígalo, afírmelo con seguridad y cuente con nuestro apoyo: Vélez jugó un muy buen partido, esa es la actitud para conseguir más alegrías que sinsabores y este es el camino para empezar a pensar en otros objetivos más allá del promedio/descenso y ese juego dialéctico y maquiavélico que ya hemos escuchado por parte del presidente.

Más de una vez desde esta columna cité al maestro Dante Panzeri y su definición del fútbol como la “dinámica de lo impensado”, al mismo tiempo que me sentí incapaz de encontrarle sentido, coherencia y análisis al presente futbolístico de El Fortín, y hoy amig@s no va a ser la excepción.

La tarde de ayer en Victoria dejó de manifiesto que en el fútbol, más allá de con cuántos defendes, atacas, si apostas a la contra o a la tenencia, el secreto es que la pelota entre en el 7,32 x 2,44. Y para eso hace falta concepto y actitud. ¿Qué diferencias hay entre el equipo que le ganó sin sobrarle nada al mismo rival hace tres semanas, que perdió por paliza y escándalo en Mendoza hace dos y que empató con gusto agridulce ante Quilmes hace 6 días? Ninguna más que las citadas recientemente: idea y ganas. De hecho el esquema y la formación fueron las mismas que las utilizadas ante El Cervecero pero con Nico Domínguez por el engripado Santi Cáseres, motorcito y figura de la fecha anterior. Y cuando el panorama pintaba nuevamente para catástrofe, para empezar de nuevo una semana con ganas de que todos se vayan al diablo, Vélez se decide y dedica a jugar y demuestra que tiene con qué. Porque una vez más dominó las acciones durante los 90 minutos y fue superior al Tigre que hasta ayer dirigió Sava en todos los aspectos estadísticos de análisis así como también en los juicios de valor subjetivos. Sin ser una orquesta, sin que un árbol nos tape el bosque y sin perder de vista que a este grupo le falta muchísimo para consolidarse como equipo (parece lo mismo pero no lo es), Vélez no sólo reivindicó su imagen sino que también pareció dar muestras de haber hecho la tarea y entendió que había que jugarle a los espacios al mismo equipo que 20 días atrás se le cerró en el Amalfitani y sólo pudo doblegar sobre el final con un penal que si bien estuvo bien sancionado hasta hoy se discute.

Ayer la pelota entró y por eso hablamos de otro partido, tal como afirmó De Felippe al término del encuentro, del mismo modo que si lo hubiera hecho ante Quilmes otro hubiera sido el cantar. Entonces, finalmente, entendemos que el análisis de base deberá pasar por cuántas veces entre la caprichosa. Para dejar “tranquilos” a resultadistas, meritócratas, líricos y conceptualistas, queda en claro que hoy este Vélez se juzga por el tanteador final. De esta manera el trabajo previo, el de la semana, el concepto, la idea de juego, las estadísticas, y todo lo hecho por conseguir los tres puntos serán complementarios, al menos por ahora y mal que le pese a varios entre los que me incluyo.

Pero intentemos dar análisis a algunos puntos clave más allá del resultado. Muy buen partido de Nicolás Delgadillo, jugando con las claves que detallamos antes: idea y ganas. Desbordó por la izquierda todo el partido y al llegar al fondo hizo lo que hay que hacer: encarar con la pierna que va sobre la raya y levantar la cabeza para ver quién llega y por dónde. Resultado de esto fue el primer gol, donde mandó el centro atrás y por bajo a Nico Domínguez que con un poco de fortuna empujó al gol y premio para un pibe que hizo todo bien en su función reemplazando a Cáseres y sumó variantes por afuera a un Vélez que atacó con mucha gente. De hecho, en la jugada del primer gol hay 5 jugadores de El Fortín en el área a lo que se sumó su llegada desde atrás. Casi un calco la jugada del segundo, donde esta vez el pase a la red lo dio el Monito Vargas, eje del equipo y de gran partido. Buenos desempeños de Zabala, quien juega de todo terreno y fue protagonista de varios ataques y de Giannetti y Amor en la zaga central que prácticamente anularon la participación siempre peligrosa del Chino Luna y las llegadas de Cachete Morales. Aún son deficitarios los rendimientos en las bandas, en este caso de Cubero y de Cufré. El Capitán tuvo un encuentro aparte con un Lucas Janson, mientras que el lateral izquierdo no termina de hacer pie en su función, desorientado y desordenado, no conectó nunca el tándem con Delgadillo por su carril y se sumó su salida por lesión lo cual también habla del déficit en lo físico que sufre este plantel que obligó al cambio por Mauricio Toni.

Y siempre está él. El tanque que abre y comanda el frente de batalla: Mariano Pavone. Premio a su insistencia y sacrificio para sellar el partido con un gol que coronó un muy buen avance a un toque en vertical entre Alvarenga (ingresó por Delgadillo) y Toni para su estocada final.

Así como son difíciles de entender y explicar derrotas con marcada autoridad, también lo es en este caso una victoria como la de ayer. Y sobre todo porque no es producto de un proceso y proyecto futbolístico sino que se da de manera aislada y esporádica. Quedan tres partidos para que termine este torneo que tanto nos ha hecho sufrir, que termina cerrando con el objetivo de descartar las posibilidades matemáticas de descenso y de posicionarnos lo mejor posible de cara al que viene. Deseo profundamente que estos tres partidos confirmen el camino de la remontada y de la consolidación tanto del equipo como de la idea. Porque esta columna podría ser mucho más sencilla de escribir y de leer, mucho más predecible tanto en la victoria como en la derrota, pero por sobre todas las cosas porque el fútbol y la historia de Vélez habla de equipos mucho más simples y gustosos de ver y sentir.

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Emiliano Curuchaga @Emi_Curu

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