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Desde el Banco: Temperley

No va más. Y si la ruleta tuviera el 37 en el paño no sería rojo ni negro sino gris y ahí caería nuestra bolilla. “Gris el 37” cantaría la banca, gris como los 37 puntos y el 19° puesto en el que se despide del campeonato el Vélez de De Felippe, de Gámez, de las desprolijidades, de las improvisaciones. Gris como la noche del lunes, como el rendimiento colectivo del equipo a lo largo del año, como nuestro presente y futuro de cara a la Superliga que se vendrá.

Pasemos en limpio el análisis. El sábado por la tarde la noticia era que el Burrito Martínez se iba de la Villa Olímpica y no seguiría en Vélez por diferencias con el cuerpo técnico. Rumor que va, rumor que viene, que la culpa es de tal o de cual, ayer algunos desayunamos –mientras otros lo siguieron minuto a minuto en pleno desvelo- que también abandonaba la concentración en plena madrugada el Tanque Pavone. Que lo llamaron, que no lo llamaron, que lo llamaron tarde para renovar, que lo llamó Estudiantes. La realidad es que el goleador, emblema y líder del equipo tampoco estaría para enfrentar al Gasolero ni para despedirse de un público al que supo conquistar a base de sacrificio y goles, muchos de los cuales nos permitirán llegar al 2018 aún en Primera División.

Con ese panorama amanecía el vestuario Fortinero para enfrentar a un Temperley que venía a jugarse la ropa a Liniers, obligado a sumar y a esperar las noticias desde Mar del Plata para ver si también continuaba un año más en la mesa de Primera o si tenía que ir con su sillita a sentarse a la de la B Nacional. Y así se hicieron las 20:15 con acusaciones y versiones de todos los tipos, con una conferencia de prensa a las 18hs en donde los popes dieron su versión de los hechos en lo que cada vez se parece más a una tribuna de opinólogos de programa de chimentos berreta de cableoperador regional que a la otrora mesa chica de grandes dirigentes de uno de los clubes más importantes del país.

Así, improvisado y de apuro, más plagado de pibes que nunca, De Felippe paró un 4-2-3-1 con Maxi Romero de único punta, acompañado en la segunda línea de ataque por Delgadillo, Zabala y Vargas, mientras que el doble cinco y la defensa eran figuritas repetidas. Un esquema que en función de cómo se iba moderando la ansiedad de Temperley y se sucedían los cambios tanto en Vélez como en el Celeste fue variando al punto de ver al Monito como enganche en un 4-3-1-2 hasta volver al viejo y conocido 4-4-2. Si bien Vélez intentó y llegó, fue mayor el peso de la falta de experiencia y jerarquía que el de las ganas, indicadores que deberían encender las alertas en cuanto a las necesidades y prioridades para el futuro inmediato. ¿Es un orgullo tener en cancha a todo un plantel formado en las entrañas del Club? Sí, en la medida en que sea en beneficio del jugador y de la institución, de manera formativa y de potenciación y no como un consuelo vacío mientras se incendian por inmadurez deportiva.

Primer tiempo malo, chato, tratando de contener la intensidad de Temperley y de pegar de contragolpe con un diagrama ofensivo poco habitual y desconectado salvo por las intervenciones de Vargas a quien le sobra visión de juego y a veces alguna gambeta de más pero le falta quien lo acompañe en esa sintonía.

Acusar a la falta de puntería de los remates de Vargas, Romero y Delgadillo sería una excusa, de esas de las que particularmente estoy cansado y pienso que son grandes responsables del presente de Vélez. Lo que se necesitan son argumentos: lo que le hace falta a Vargas, Romero y Delgadillo es referente de experiencia que los potencie, que les haga ganar rodaje, confianza y oficio como lo fue Pavone y como los resultado dieron prueba, del mismo modo que se necesita un central de jerarquía le termine de darles el golpe de horno necesario a Giannetti y Amor y de paso acomode a Cufré y un volante que haga lo propio con Dominguez, Cáseres y Mancuso.

Pero llorar por lo hecho ya es parte del pasado, la mira debe ponerse en lo que vendrá a partir de los hechos. El error debe ser una referencia, no un anclaje. Ahora es tiempo de que De Felippe termine de pasar la escoba, se siente con Fútbol Profesional y exija las herramientas con las que no contó desde que llegó para intentar arreglar esto. Demasiado hizo con tan poco: el objetivo de zafarle al descenso se cumplió pero, tal como declaró post partido, “hay que sacar a Vélez de esto el próximo semestre porque lo que vivió hoy Temperley acá tranquilamente nos puede pasar a nosotros”.

Se fue otro campeonato más amig@ lector. Otra página más en la rica aunque últimamente vergonzosa historia del fútbol argentino que nos encuentra más como una nota al pie que como un título. Un torneo que nos enfrentó a 29 equipos y en donde en escasas ocasiones fuimos banca y en la mayoría fuimos punto, pero de esos que no suman. Si bien ya habrá tiempo de un análisis más profundo este torneo Vélez utilizó y esta columna analizó a dos técnicos (Bassedas y De Felippe) y un interino (Fanesi vs. River en la fecha 5). Ganó 10 partidos, empató 7 y perdió 13 obteniendo 37 de 90 puntos (41,1%). Convirtió 31 goles –apenas uno por partido- y le convirtieron 40. Lo dicho en más de una oportunidad: la estadística es la ciencia que afirma que si alguien gana $1 y otro $99, en promedio ambos ganan $50. Cada quien sabrá interpretar los números en función de sus intereses, lo que no se puede negar es que como herramienta existe y sirve para la toma de decisiones.

Ayer vivimos una noche gris y tibia, no solo en el clima sino también en la cancha. Tal vez la mejor imagen para describir y cerrar el torneo, que nos negó hasta la sonrisa del final.

Será tiempo de analizar, pensar y hacer. Donde cada quien tendrá que poner sobre la balanza lo hecho y ver si alcanza para seguir o asumir que no puede continuar. La primera instancia de ese proceso comienza ahora. La segunda en noviembre.

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Emiliano Curuchaga @Emi_Curu