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Desde el Banco: Quilmes

Es claro que se acabaron los años de champagne. Será porque no supimos administrarlo entre consumo interno y dádivas y hoy sólo tenemos las copas juntando tierra en la vitrina y nada con qué brindar, ni tampoco nada para festejar. Ni siquiera una cerveza caliente y sin gas como la de anoche es capaz de saciar esta deshidratación que sufre Vélez. Porque más allá del carácter metafórico, Vélez realmente perdió el elemento vital. La esencia del juego, la razón de ser de todo esto: el gol. El objetivo último, la meta (goal) propiamente dicha, la excusa para el abrazo desconocido, la sensación orgásmica que te nace arriba de la nuca, te da la vuelta por todo el cuerpo y finaliza en un rugido a los cuatro vientos.

Me encantaría poder darle la derecha Omar, decirle que fue un buen partido o, como usted afirmó, un muy buen partido; pero la pelota no entró. La razón por la que todos elegimos este deporte estuvo desaparecida. Nos juntamos para Navidad sin árbol, sin regalos y lo que es más grave aún sin siquiera saber que es el nacimiento del Niño Jesús.

¿Tuvimos mayor posesión, mayor circulación, más llegadas que el rival, mayor volumen de juego y desborde por las bandas que en las anteriores presentaciones? ¿Fue a buscar el partido ante un rival que ni yéndose al descenso te apura el asado aún a riesgo de arrebatarlo? ¿Metió cambios a priori ofensivos? Sí, todo lo que usted quiera, pero la pelota no entró y hoy lo que necesitamos es que la pelota entre. No a cualquier precio, como quedó en claro luego del partido contra Alem, pero que entre.

¿Y sabe por qué no puedo darle la derecha? Porque más allá de que la pelota no entró ayer usted estaba muy caliente, al igual que yo –que de hecho sigo así- y que todo el pueblo fortinero. Y en caliente prefiero no discutir, porque no sólo no hay argumentos que valgan sino que pueden llegar a alterarse los únicos existentes y de ahí a pasar a mayores hay un paso sumamente pequeño.

¿Sabe qué Omar? Me alegro que se haya enojado y que nos haya hecho enojar a nosotros también, porque su enojo dejó en evidencia la miseria intramuros que vive Vélez. Sabe que respeto su trabajo, sus pergaminos y su historia personal, pero se está enojando con las personas equivocadas y lo que es más triste es que no puedo diferenciar si lo han convertido en uno de ellos o realmente no podemos captar su código de honor y eso hace que tal vez nuestro enojo también esté mal encausado hacia usted. Creo poder leer entre líneas y poder dilucidar que su conferencia de prensa post Quilmes no es propia de un necio, de alguien que no sabe de fútbol ni de relaciones interpersonales, pero también creo que fue un acto que este Vélez y en este momento de su historia no sabrá entender y difícilmente perdonar.

Prometí desde su llegada no hacer referencia a su paso por Malvinas pero ayer usted sacó el tema a colación declarando que “salió de situaciones peores poniendo el pecho”. Su enojo no tiene que ir dirigido hacia quienes le preguntamos por el desempeño de su tropa en combate sino hacia los sinvergüenzas que lo mandaron a una guerra sin sentido con una gomera y un par de bolitas de rulemanes en una cartuchera apolillada y a los cobardes que están en la trinchera aferrados a una lata de paté vencido, sin ningún ápice de orgullo por el uniforme y la bandera que defienden. Será que ayer, día del Ejército Argentino, se le escapó el veterano de adentro y quiso defender a su regimiento y al mando mayor y no se dio cuenta que disparó municiones para todos lados y sin sentido. Porque no me va a decir que invitarnos a ver cómo practica una hora y media por día la pelota parada cuando los entrenamientos son de tres horas, a puertas cerradas y se necesitan 4 ejecutores para mandar un maldito córner al área no es un disparo desesperado y hasta por la culata…

Sepan disculparme Omar y amig@s lectores, pero anoche y ahora mientras escribo estas líneas me siento víctima y victimario al mismo tiempo de esta forma en que se viene manejando Vélez hace algunos años. El Vélez sin argumentos, el de las mentiras y verdades a medias, las acusaciones cruzadas, el Vélez que no sabe hacia dónde y hacia quién pero tira golpes para todos lados como el boxeador que sabe que está al borde del knock out y apuesta todo a una sola mano salvadora. En donde quienes mandan no tienen idea de qué hacer y dicen que este equipo no es menos que nadie y se pelean desde la AFA hasta el Poder Ejecutivo. En donde quienes se sientan en el banco no saben cómo ordenar las fichas y algunos incendian jugadores de inferiores y otros, como ayer, son incapaces –o juegan a serlo- de generar un debate genuino con la prensa y de reconocer la reprobación unánime del estadio. En donde el hincha tampoco sabe para dónde ir y a veces alienta por el equipo, otras por la hinchada, donde se queja pero acompaña, rompe el carnet pero se va a Formosa, pide por la copa y porque se vayan todos en cuestión de minutos. En donde los jugadores también son parte de la confusión general, pero cobran al día sus cuantiosos sueldos por desempeños pobrísimos y vergonzosos pero nada parecieran hacer por revertirlos y donde “doble turno” para mejorar físico y técnica parecieran ser mala palabra.

Lo único que saco en limpio de todo esto es que el próximo sábado ante Tigre usted y el equipo tendrán revancha y la posibilidad de revertir esto desde su lugar, al igual que ante Sarmiento, Atlético Tucumán y Temperley. Y en junio también tendrá la posibilidad de pararse ante los verdaderos responsables de su enojo, aquellos que están tanto por encima como por debajo suyo, y tomar las decisiones que crea más convenientes para el club y para usted. La misma posibilidad que tendré yo en noviembre de cara a una urna.

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Emiliano Curuchaga @Emi_Curu

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