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Desde el Banco: Olimpo

“Felices Pascuas, la casa está en orden” decía Alfonsín en la Semana Santa del `87, hace exactamente 30 años, para intentar transmitir calma a un pueblo golpeado por la falta de orden institucional y los fantasmas rondantes. Los cristianos, por otra parte, hoy celebramos el Domingo de Resurrección. Ya habrá notado amig@ lector que la columna de hoy contará con metáforas que encajan con eventos sucedidos a lo largo de esta semana y sirven para darle un poco de color a la victoria de Vélez ante Olimpo en Bahía Blanca.

Una victoria postergada por cierto, que no se presentaba por el vestuario fortinero desde el 9 de marzo ante Estudiantes y desde hacía 370 días en condición de visitante (2-3 vs. Central, 16 de abril del 2016). Quiso la casualidad, la alineación de los astros o es espíritu de las Pascuas que el protagonista sea nuevamente Diego Zabala, la Bomba que no tienen ni los EEUU, ni Rusia, ni China ni Corea del Norte y que de a poco se va transformando en un goleador tan impensado como necesario por entrega y por entender dónde está y qué se juega.

Mismos conceptos que entendieron Gianluca Mancuso y Santiago Cáceres, dos nenes de apenas 19 y 20 pirulos que jugaron e hicieron jugar como si estuvieran en primera hace años y que, de persistir la lógica y determinación de De Felippe, deberían continuar ocupando el doble cinco por calidad, funcionalidad al esquema y a las transiciones y amor propio.

Como es sabido el Vélez modelo De Felippe va con el tradicional 4-4-2, esquema que a algunos agradará más que a otros pero que cobra sentido cuando la pareja de volantes centrales oficia de rápidos pasadores de defensa a ataque y de tapones al momento de replegarse. Que se complementa con los tandems que hagan por las bandas los laterales con los carrileros y con la potencia de fuego de los delanteros, en este caso un 9 de área como Pavone y otro por fuera como Martínez.

Y resulta que el fútbol no tiene mayor secreto que la calidad y las ganas de sus ejecutantes y un marco ordenatorio a través de la estrategia. Vélez, por obligación, tuvo que cambiar el 11 inicial y quedó demostrado que cuando las ganas de jugar se hacen presentes se motoriza la idea y el objetivo: ser quien más veces mete la pelota en el arco rival. Parece mentira que al cabo de dos años de columna tenga que hacer referencia a conceptos tan básicos y esenciales como estos, pero son factores que tanto dentro como fuera de la cancha a veces parecen olvidarse y que vuelven a la memoria con un triunfo o con un cambio aire o de protagonistas.

Muy buen primer tiempo para un equipo que fue para adelante, con la convicción necesaria para suplir las carencias y con el desafío de obtener 3 puntos que valen mucho más que sólo 3 y de demostrar quién debe jugar y quien pensar en replantear su profesión. Vélez tuvo unos primeros 45 minutos punzantes, con situaciones claras de gol y algo que hace tiempo parece perdido y si siquiera querer encontrar: protagonismo.

Aguerre volvió a la titularidad sin mayores sobresaltos, con la importancia de mantener el arco en cero y con la alarma de seguir mejorando en la técnica individual y en la resolución de ciertas situaciones del partido. La defensa contó nuevamente con un flojo Caire por la derecha, que justifica por qué Cubero parece irremplazable y que no supo conectar su recorrido con el de Zabala; Nasuti y Grillo conteniendo bien los embates aéreos de Olimpo y Cufré que se consolida de 3 pero que tampoco pudo conectar con el volante de su carril –el Coco Correa en reemplazo de Gonzalo Díaz- por falta de juego juntos.

Mención siempre especial para un Pavone que es cada vez más reconocido y querido por su entrega y participación así como para el Burrito Martinez, quien cumplió 200 partidos defendiendo la V azulada y parece encontrar partido a partido su mejor versión, esa que altera a cualquier defensa en cualquier momento el partido.

Porque nunca falta el suspicaz, haremos mención al gol mal anulado a Olimpo sobre el final del primer tiempo remarcando que el mismo ocurre una vez cumplido el tiempo adicionado, con lo cual el árbitro Darío Herrera incurre en un doble error que si bien no nos perjudica tampoco nos beneficia.

Apuesta de riesgo pero efectiva de De Felipe a preservar a Mancuso y Cáceres pese a sus amonestaciones y al nerviosismo inicial y entendible el cambio de Tripichio por un agotado Correa pese a que su ingreso como volante por izquierda pareciera anular sus posibilidades como opción en el lateral de la defensa.

Interesante el ingreso del Monito Vargas para volver a estar en consideración del técnico por un Zabala que sigue sin poder estar los 90 minutos en cancha y es preciso aprovecharlo todo lo que juegue y cuestionable ingreso de Bella por el Burrito a sabiendas de que el partido seguía abierto, la falta de ritmo de competencia del volante y su falta de peso ya sea para liquidar o aguantar los minutos finales.

Volvió la alegría a la mesa del domingo amig@ lector. Vélez hizo lo que tenía que hacer: ganar. Sin que le sobre nada pero sin mayores sobresaltos, al tiempo que la renovación de nombres en la formación inicial pareciera ser un indicador del camino a seguir de cara a lo que viene. Y como le dije al principio, en esta cosa de casualidades, la victoria de Vélez coincidió con un nuevo aniversario del fallecimiento de Eduardo Galeano, el escritor uruguayo que tal vez mejor haya captado y puesto en palabras todo lo que genera el futbol adentro y afuera de la cancha y quien en lo particular me ha inspirado en muchísimas incursiones literarias, incluida esta columna.

Y porque a veces nos enojamos, sufrimos, puteamos, es preciso entender que no es por cuestión de exitismo sino de esencia. Porque somos “seres de fútbol” y nunca vamos a dejar de querer lo mejor para Vélez, porque vamos a celebrar cada triunfo y sufrir cada derrota, llorar por igual de alegría o de tristeza, pero nunca vamos a abandonar este sentimiento. Porque “en su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol” es que hoy te pedimos más que nunca que los 30 puntos que quedan en juego dejes todo, del mismo modo que el hincha deja todo por no poder dejarte a vos.

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Emiliano Curuchaga @Emi_Curu

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