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Desde el Banco: Leandro N. Alem

¡Qué lindo ver a un equipo que ataca con cuatro jugadores ante un rival inferior, que toca por abajo, que sale jugando, que retrocede sólo para reacomodarse y volver a empezar con el arco entre ceja y ceja; con un DT que alienta y estimula constantemente a sus jugadores y que pareciera que en cualquier momento se pone unos cortos, un par de timbos a medio atar y salta a la cancha como un guerrero más! ¿Hablamos de Vélez? Por supuesto que no, hablamos de su rival de anoche: Leandro N. Alem.

Poco, poquísimo para rescatar de la victoria de ayer por Copa Argentina y mucho para analizar. Tanto Vélez como Omar De Felippe tuvieron la oportunidad de reivindicar su imagen y rendimiento ante un rival cuatro divisiones inferior, pero estamos en un momento en general del fútbol y en particular de El Fortín en donde la categoría, la historia y el peso de la camiseta poco y nada pueden hacer contra la idea y volumen de juego y el hambre de gloria de los adversarios.

¿Por qué ODF citó y paró a un equipo de rezagados, muchos de ellos a menos de 40 días de abandonar la institución? Probablemente para cuidar titulares de cara al encuentro del lunes ante Quilmes por mucho más que 3 puntos y para evaluar alternativas de cara a posibles lesiones o suspensiones para lo que reste del torneo, así como también para darles una nueva oportunidad de mostrarse y ser tenidos en cuenta a varios players a los cuales no se les vence el contrato a fines de junio. Resultado de la apuesta: una imagen deplorable de jugadores que dejaron de manifiesto su falta de capacidad y/o de interés y el gesto de preocupación y fastidio por parte del técnico en claras muestras de resignación y olor a fin de ciclo. Tan paupérrima fue la performance de Vélez que ni siquiera se festejó la victoria ante el conjunto del Lobo Cordone.

El equipo de De Felippe fue superado desde el saque inicial en todo aspecto: posesión de pelota, situaciones de gol, balones recuperados, y hasta en otros factores no cuantitativos como el amor propio y la entrega. Vélez tuvo una sola llegada en el primer tiempo, la cual terminó en el gol de Delgadillo, producto de una pérdida en la mitad de la cancha por parte de los mediocampistas de un Alem que durante los 7 primeros minutos del partido no le permitió tocar la pelota al conjunto fortinero. Saliendo por bajo y a un toque, El Lechero de General Rodríguez mantuvo activo y atento a un Fabian Assmann de buenas respuestas durante los 90 minutos. Sólo la falta de puntería y el cansancio propio de un equipo cuyo plantel se levanta a las 5 de la mañana para ir a trabajar al horno de la panadería del barrio, a recolectar residuos, lavar autos y otros trabajos complementarios al fútbol para poder sostener a sus familias evitó una derrota histórica y más vergonzosa que el propio triunfo.

Para todos aquellos que vimos el encuentro quedó en claro que si el rival poseía un mínimo más de técnica, picardía y suerte el resultado hubiera sido no sólo catastrófico sino que hubiera anticipado la salida de varios nombres y responsables de este presente futbolístico.

El ingreso de Nicolás Domínguez por Gonzalo Díaz a los 15 del complemento marcó la pauta de que la estrategia de cara a la media hora restante iba a ser mantener el resultado porque no existían argumentos en cancha para acercarse al arco de Claudio Paz. Triple cinco para contener a tres volantes amateurs, no más preguntas señor juez. Vargas por Bella fue ficha por ficha, mientras que Alvarenga por Delgadillo terminó de blindar un vergonzoso 4-5-1 de un segundo tiempo que sólo tuvo una contra increíblemente errada por Maxi Romero debajo del arco.

Mientras pienso en el cierre de la columna recuerdo que la inicié diciendo que había muy poco para rescatar pero realmente no encuentro nada. Una victoria con sabor más amargo que una derrota, un desempeño que si lo catalogamos de “desastroso” es un acto de benevolencia y la esperanza y las ilusiones de mejorar en caída libre a un pozo sin fondo. Lo único que nos traemos de Formosa es un cheque gigante de cartón pintado que pareciera tener algo de valor, tal vez la mejor metáfora de lo que es hoy este Vélez.

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Emiliano Curuchaga @Emi_Curu

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