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Desde el Banco: Independiente

¡Qué difícil es analizar a este Vélez! Un mismo equipo juega dos partidos en cinco días. Empata ambos, pero en uno pierde dos puntos y en otro gana uno. En un encuentro juega un buen primer tiempo y un complemento para el olvido y en el otro tiene unos primeros 45 minutos deplorables y un aceptable segundo tiempo. ¿Cómo se entiende y cómo se explica? La respuesta es parte del misterio que envuelve a este plantel que se debate entre el aplauso y el chiflido, el descenso y la clasificación a una copa y que en medio de esa irregularidad viene sumando de a un punto por fecha cuando es imperioso empezar a contar de a 3.

Pero lo que hoy Vélez no entiende es que la irregularidad es moneda corriente en el futbol argentino y que con muy poco se puede hacer diferencia: un poco de orden, un poco de calma y un poco de velocidad, factores a través de los cuales se consiguió un empate, en principio, valioso.

De Felippe apostó por los mismos once que el lunes habían empatado con Huracán demostrando una falta de ritmo preocupante de cara a un equipo vertical como Independiente, rápido en todas sus líneas y peligrosísimo de mitad de cancha para arriba a partir de nombres como Rigoni, Erviti, Gigliotti y Albertengo. Y gracias a la irregularidad, esos factores no fueron determinantes aunque sí de cuidado. El Rojo de Holan no pudo más que insinuarse, con mayor o menor peligro, pero sin la contundencia precisa para hacer diferencias. ¿Mérito de la defensa? En parte. Otro buen partido de Cufré incomodando a Emiliano Rigoni, Caire en leve remontada por la derecha y Nasuti y Cubero jugando de Nasuti y Cubero (cada quien sabrá juzgar sus desempeños). Pero el capitán de los 600 partidos, una vez más impreciso, lento e irresponsable, cometió una falta innecesaria que derivó en el golazo del rubio volante del Independiente. Nuevamente recae sobre Assmann cierta responsabilidad por su ubicación al momento del tiro libre pese a que Fabián también tapó varias pelotas peligrosas y mostró solvencia para resolver y tranquilidad de cara a su equipo formador.

Pero la clave de Vélez es el mediocampo, tanto por la idea futbolística de De Felippe como por los rendimientos. El Fortín está partido a la mitad, no tiene forma de conectar defensa con ataque y termina padeciendo la falta de marca y de gol. El déficit en el medio es la clave para entender por qué Vélez no tiene poder de fuego y por momentos encuentra a Pavone marcando en posición de central y al Burrito marcando como 8. A excepción de Diego Zabala, quien pese a no estar para los 90 minutos demuestra vocación ofensiva y entiende que la dinámica del juego es meterla en el arco rival, el resto precisa de la mano del técnico para barajar y dar de nuevo. Fallas en las marcas, en los pases y en el cambio de ritmo, errores conceptuales que cuestan puntos y salud física y mental. La semana pasada Don Omar declaró que “es posible que haya jugadores que les cuesta jugar en Vélez”, lo cual da la pauta de que si el problema está identificado sea momento de empezar a trabajar sobre la solución.

Sepa disculpar amig@ lector pero el análisis del partido no da para mucho más, o al menos para mí. Repetir fecha a fecha los mismos errores, los mismos detalles en los desempeños técnicos y en las decisiones tácticas al respecto de formaciones y sustituciones me resulta necio, innecesario y redundante. Vélez alcanzó el empate a partir de las tres claves que mencionamos en los primeros párrafos: un poco de orden, calma y velocidad. Una ráfaga de segundos que, de persistir en distintos pasajes de los encuentros, podrían haber hecho la diferencia en fechas pasadas y sin dudas podrán hacerlo en futuras. Hacer mención del clarísimo penal que omiten Lamolina JR y su juez de línea es llorar sobre la leche derramada y entrar en una pelea quijotesca contra molinos de viento que tranquilamente puede leer en la obra de Cervantes. Lo que queda claro es que la vara no mide de la misma forma para todos y afortunadamente el penal sancionado en favor de Huracán el pasado lunes es el botón que basta como muestra.

Los números indican que De Felippe lleva 13 partidos al mando del equipo con 4 triunfos, 4 empates y 5 derrotas. Estadísticamente no es de lo peor que hemos visto, aunque el rendimiento general y colectivo hace pensar que el panorama es mucho más desalentador que la realidad. Lo visto hasta aquí, sumado a los casi tres meses de pretemporada, parecieran ser margen suficiente para tomar decisiones de cara al último tramo del campeonato que nos enfrentará a 4 rivales directos y a otros tantos a los cuales podemos achicarles la distancia en la tabla de promedios.

Post partido, Don Omar declaró nuevamente que “sacamos un punto que sirve para ganar confianza”. Tal vez sea el momento de cambiar los factores de la ecuación y que esa confianza ganada empiece a hacernos obtener puntos.

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Emiliano Curuchaga @Emi_Curu

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