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Desde el Banco: Huracán

Discúlpeme Don Omar pero hoy me toca darle. Con respeto, pero con dureza. Porque hasta el lunes lo defendí e intenté entenderlo por todos los medios, pero no sé si se ha contagiado de la autocrítica ficticia que parece haberse instalado en Vélez o si realmente está convencido, casi a nivel suicida, de que éste es el camino para escapar del furgón de cola de la tabla.

Se lo dije el otro día contra Newell´s: no vio ni estudió el partido. No lo analizó, interpretó ni respondió sobre la marcha aun cuando todos los planes y contingencias se habían caído. Y anoche le pasó lo mismo. Estuvo a 5 minutos de poder colgarse de las declaraciones del DT de la Selección Nacional y fantasear con que se jugó un “partido brillante” y llevarse tres puntos tan necesarios como el aire. Pero la mezquindad corre con ese riesgo: en la ruleta cuando uno no juega o hace mal su jugada no tiene chances de levantar una fichita del paño y llevarla al bolsillo.

Ya tenemos en claro que el esquema es 4-4-2. Assmann saca tres pelotas de gol pero no tiene fuerza en las piernas para salir de abajo, para cortar un centro ni para achicar. Aguerre evidentemente tampoco está para defender los tres palos. Dadas entonces las circunstancias: ¿es tan descabellado empezar a darle participación a Yordan –de buenos minutos ante Banfield el año pasado- o a Figueroa? Sáquese la duda Omar: difícilmente nos vaya peor de lo que estamos y tanto usted como nosotros podremos juzgar si están para atajar o seguirán poniéndose el buzo solamente para la foto anual.

Mover a Cubero a la zaga central junto a Nasuti para darle lugar a Caire de 4 y Cufré de 3 era a priori desconcertante. ¿Es cosa de un partido o ya se apuesta por el rubio ex Sarmiento a tomar el lugar del Poroto? ¿Cómo hacen algunos jugadores para pasar de no ser tenidos en cuenta en Reserva a ser titulares en el primer equipo y viceversa como en el caso del joven Braian? Ya desde el fondo empiezo a debatirme entre si es usted quien no está encontrando el equipo o si no hay rendimientos que permitan, mínimamente, repetir una formación más o menos de memoria.

Como dijimos la semana pasada, la clave de su idea pasa por el mediocampo y ahí también estamos ante un problema: sigue sin encontrar el doble cinco. La intermitencia en las presencias y rendimientos de Canteros y Desábato es preocupante. Las bandas parecen ser propiedad de Díaz (buen centro en el primer gol y nada más) y de un Zabala que se muestra como el único complemento de ataque de los dos punteros.

Adelante está el plato fuerte de Vélez pero por falta de sincronía con el resto del equipo se encuentra aislado y forzado a tareas que no le corresponde. El Burrito Martínez, aún recuperando ritmo, demuestra que con poquito le alcanza para ser el distinto del equipo. Y con poquito me refiero a un aceptable control del balón, visión del campo y un poco de picardía. Es imposible e injusto pedirle que cada vez que agarre la pelota apile jugadores como en aquel maradoneano gol contra Racing en las vísperas de Navidad del 2010. Y a Pavone sólo le falta cortar el pasto entre semana y barrer los papelitos de la popular al terminar el partido: corre, mete, presiona, aguanta, toca y defiende en un claro ejemplo futbolístico de “hombre orquesta”.

Está claro que no está pudiendo encontrarle la vuelta, Omar: un poco por impericia propia y otro por falta de condiciones y compromiso de un plantel que ya parece que hasta le erra al piso. ¡Y mire que lo vi trabajar eh! Creo haberme perdido sólo un amistoso de la eterna pretemporada, asistí a varios de sus entrenamientos, charlamos mano a mano y hasta tengo referencias constantes de colegas y amigos de Independiente que hasta le han perdonado el “paladar negro” para volver a Primera División. Pero me cuesta entender cómo hay tanta falta de concepto en el equipo, cómo pueden haber jugadores en un estado físico tan paupérrimo y, por sobre todas las cosas, cómo usted no ve cosas que al menos desde lejos parecen obvias.

Desconozco si se lo pide usted o es una estrategia comunicacional del Club, pero si la “presión alta” que se menciona constantemente en el medio oficial es darle 50 metros de tenencia y traslado al equipo rival y que la primera marca se presente en mitad de cancha me declaro incompetente para el análisis. Si es por decisión de los jugadores tirarse tan atrás, es su responsabilidad al menos pegar el grito para que se adelanten o, de corresponder, reemplazar a aquel jugador que atente contra el funcionamiento y la estrategia del equipo.

Me cuesta creer que no se dio cuenta que habían jugadores que estaban fundidos desde el primer tiempo y más aún que no los haya sustituido. Y cuando uno cree que la sorpresa no puede ser mayor, el primer cambio (30 del ST y cuando Huracán empezaba a ganar terreno y confianza) es Delgadillo por Desábato, mandando a la marca central a Zabala. Discúlpeme Omar, pero jamás voy a entender el cambio. Puso a marcar al uruguayo, el único que llega al fondo, junto con un Canteros también agotado (bah, empiezo a pensar que Tito nació con cansancio, apatía y displicencia) teniendo un 5 de contención y buen pie como Nico Domínguez. Nadie lo iba a juzgar, después del ingreso de Santi Cáceres del finde pasado está claro que es imposible quemar pibes cuando el incendio es general. ¿O acaso fue una muestra de que usted no puede hacer más que lo realizado por el 5 que pidió a principios de enero y no se lo trajeron?

A esta altura de la columna y del desconcierto los ingresos de Correa y de Romero resultan anecdóticos, así como también mi preocupación por la salud de Gonzalo Díaz, quien se arrastró por la cancha durante todo el complemento como si los botines fueran de plomo.

Usted no tiene la culpa de que un centrito de morondanga le haga carambola a los dos centrales y caiga en los pies del delantero rival a los 40 del segundo tiempo. Tampoco que un arquero consolidado se la juegue tan temerariamente a ir a los pies del atacante. Pero sí es responsable por hacer funcionar a la máquina.

En tiempos en que se ha reflotado e intensificado el debate entre el buen juego y el resultado, le pido que vaya por lo segundo. En contra de todos mis principios, vaya por todos los puntos que quedan en juego y de la manera que sea, porque el empate del lunes lo viví como una derrota más de las que ya venimos acumulando. Y le voy a dar los tres motivos por los cuales se lo pido: primero porque más allá de la magia del fútbol, el objetivo del juego es ganar. Para jugar de manera amateur, distendida y divertida, armen unos arquitos con cascotes en una plaza o alquilen una canchita debajo de la autopista. Segundo porque este Vélez, con estos nombres y en estas circunstancias no tiene posibilidades de jugar bien, con lo cual sería necio pedírselo. Y por último y no menos importante, porque quiero que siga al mando del equipo. Quiero que arme un buen plantel, que potencie a los pibes, que consiga que le traigan refuerzos y que Vélez vuelva a ser el buen equipo que siempre fue. Y ahí será el momento exacto en donde no habrá lugar para las excusas y realmente sabremos de qué está hecho cada quien.

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Emiliano Curuchaga @Emi_Curu

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