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Desde el Banco: Atlético Tucumán

¡Qué gusto agridulce nos quedó anoche Omar! Y eso que la receta tradicional tucumana no incluye las pasas de uvas. Era una noche donde, en principio, pintaba para amarga: El Decano en ese hervidero que es el José Fierro siempre repleto y que te cocina a fuego lento, sumado al regreso de Zampedri y el debut -interino- de Diego Erroz en el banco local como para alimentar a los supersticiosos.

Pero la cosa pudo haberse puesto dulce, como los alfeñiques de caña, si contemplamos que los tucumanos venían de 3 derrotas consecutivas, con Lavallén abandonando el barco entre semana por “no encontrarle la vuelta al equipo” y porque, hasta ese momento con justicia, El Fortín se había puesto en ventaja con un golazo del MaradONITO Vargas, perdón del Monito Vargas.

A priori, mirando el fixture, siempre es valioso traerse un empate de Tucumán. Lo que hace que el punto parezca más un puntito es que Vélez retrocedió en su rendimiento y volvió a cometer errores que parecían superados pero que hoy ponen de nuevo la duda sobre la mesa. Luego de los buenos rendimientos ante Sarmiento, Tigre y eventualmente ante Quilmes, Vélez volvió a equivocarse en aquellos aspectos técnicos y tácticos que ya nos habían costado puntos valiosos contra Huracán, Aldosivi y Patronato.

Dicen que equipo que gana no se toca, pero parece que para Cubero cabe la excepción. Nadie discute su importancia institucional e histórica, pero hoy Fabián no sólo no parece estar en condiciones de ocupar el puesto sino que está tapando – y desde hace varios años- a juveniles que podrían y deberían tomar su lugar y de paso se está ganando la reprobación (en algunos casos irrespetuosa y desmedida) de gran parte del pueblo Fortinero. Pero sin dudas que la responsabilidad de su inclusión no la tiene él sino De Felippe.

Hace algunos días atrás afirmé en PF Radio que, con sus dificultades, Vélez se está consolidando como equipo. Que está logrando conectar a sus principales actores en juego colectivo con una idea que, aunque pueda pecar de mezquina, hoy ha cumplido con su objetivo de zafar del descenso y superado numéricamente el desempeño de los técnicos anteriores. Dicho eso, también es puntual aclarar e insistir en el retroceso de ayer en donde Vélez volvió a la amnesia futbolística y dependió de una pincelada individual de Matías Vargas para abrir el marcador.

Pavone, el hombre del medio gol por partido, anoche no pudo entrar en sintonía por falta de abastecimiento y Delgadillo tuvo desbordes interesantes por izquierda que se diluyeron hasta apagarse con el cambio de banda. La única jugada asociada fue la que terminó en el grito ahogado de Zabala a los 15 del primer tiempo. Desempeños pobres por falta de técnica como las que evidenciaron Amor y Desábato, a quienes desde mi perspectiva se les han agotado las oportunidades de demostrar algo más en la Primera División de Vélez. Dificultades en las pelotas paradas tanto a favor como en contra. De dos córners propios derivaron contragolpes peligrosísimos del Decano, mientras que de una falta innecesaria, inentendible y hasta amateur y un cierre al medio del área que se enseña a no hacer desde Infantiles llegó el empate de los tucumanos a través de Guillermo Acosta.

También volvió a ser un factor determinante la demora en los cambios y el hecho de guardarse uno cuando el ritmo del segundo tiempo parecía conformar a Atlético y pedía a gritos que Vélez pisara el acelerador. La sustitución del Burro Martínez por Vargas faltando 10 minutos para el pitazo final se dio recién con la contractura del Monito y fue un cambio posicional, del mismo modo que el ingreso de Santi Cáseres por Desábato. El reemplazo de jugadores de un mismo puesto, salvo por lesión o riesgo de expulsión, evidencian cierta falta de objetivos. Al menos en lo que vimos en Vélez este año, no sirvieron ni para cuidar puntos ni para ir a buscarlos.

Pese al tinte negativo de la noche, Vélez logra sumar por cuarto partido consecutivo y de obtener un punto más ante Temperley logrará su máxima racha de partidos sin perder en el campeonato. Reitero: el análisis es negativo porque quedó en boca el gusto de haber perdido dos puntos en lugar de haber ganado uno. Porque Vélez no pudo revalidar los resultados y los elogios cosechados en las últimas presentaciones y porque el cierre del torneo será ante un Gasolero que irá a Liniers a quemar todas sus naves para mantener la categoría. El Vélez de anoche pareció no tener en claro a qué ni por qué jugar, un punto débil fatal ante un rival con un objetivo único y certero.

El próximo torneo no será muy distinto al actual en cuanto a la prioridad de sumar puntos y escaparle a la zona baja. El partido de anoche y el del lunes, ya extintas las posibilidades de descenso en este campeonato, eran claves para seguir ganando en confianza e identidad independientemente de quiénes sigan y quiénes lleguen. Ayer pareció haberse desaprovechado una buena oportunidad. Cerrar la temporada en casa, con la gente que apoyó aún en las peores y con todos los condimentos que trae la fecha 30 será la instancia final para evaluar si Vélez se encamina por la senda de la ilusión o si seguiremos penando por la del sufrimiento de cara a la Superliga.

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Emiliano Curuchaga @Emi_Curu