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¿De quién es la culpa?

Te drogás y emborrachás, tenés sobrepeso y fumás. Y le echás la culpa al médico. Eso es Vélez hoy, un cúmulo de pésimas decisiones que derivaron en un paciente enfermo. A veces el paciente tiene más ganas de recuperarse, y sale a caminar, se muestra arrepentido y promete dejar los vicios. Pero otras veces recae y muestra la peor cara. ¿Cómo puede vivir esto si era un buen padre, gran amigo y excelente profesional? Al médico no le importa. El médico está para ayudar cuando lo dejan ayudar.

Todos pueden ser víctima de las malas decisiones, de los excesos y de los errores. Pero, ¿la culpa es del médico?

Y en Vélez se puso de moda echarle la culpa al médico. El médico trabaja con el paciente que le llega. Si el equipo que le dan al médico es malo, difícilmente pueda hacer algo, incluso cuando ese doctor haya intentado todo. Así le pasó a Omar De Felippe. Cuando llegó probó con los jugadores más experimentados. Y le fue mal. Probó jugando con dos 9 de área: mal. Puso a los chicos: mal. Limpió a los viejos: mal. Cambió al arquero: mal. Pensó jugadas con pelota parada: mal. Jugó a los centros, al toque, a esperar, a ser defensivo, a ser ofensivo, a tener la pelota: mal, todo mal. ¿Es malo el médico o es malo el paciente? Un fin de semana el paciente está bien; al segundo fin de semana, bien; al tercero, recayó pero promete no volver a hacerlo; al cuarto, recayó.

Ahora, el paciente se queja y cuestiona al médico: “Me va mal por su culpa, usted tomó malas decisiones para ayudarme y empeoré”. ¡Pero el paciente es el que ya llegó mal de promedio, con malos jugadores y pésima actitud! ¿Y la culpa es del médico? ¿Qué médico puede ayudar a Vélez? Hagamos el ejercicio: ¿quién puede llegar al club, no repetir los errores de su antecesor y mejorar a un paciente que se niega a cambiar? Vélez no se acostumbró a sufrir, peor todavía, se acostumbró a no dejarse ayudar. Todo está mal y todo es culpa de otro: cuando no son los arbitrajes es el técnico, si no, es culpa de AFA, de lo contrario, de la herencia económica que recibió y cuando todo eso se acumula, la respuesta de cabecera es la misma que enarbola el enfermo: “No pasa nada, ya voy a mejorar”.

Podemos recorrer todos los hospitales y manuales de medicina. Línea de 4, de 3, doble 5, dos 9, un enganche, dos puntas, todos al área o todos abajo, pero si el paciente no quiere cambiar difícilmente se pueda. Y a ese paciente lo integran la dirigencia y los jugadores. Solo –algunos- jugadores dan señales de querer recuperarse. El resto sigue repitiendo la misma lógica: repetir los vicios que nos llevaron hasta estos días.  

Por eso, si quieren, cambien al médico: pongan un médico de la casa o a uno externo, traigan a un médico experimentado o a un novato, pero si el paciente no tiene la intención de dejarse ayudar, difícilmente le vaya bien. 

Joaquín Garau @joacogarau

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