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Copa Argentina Episodio II: “El que se quema con leche…”

DESDEELBANCO¿Qué pasó entre aquel partido en Formosa contra Alem, el aguerrido equipo del Lobo Cordone que nos dejó esa llaga futbolística y el de esta tarde noche en Sarandí ante Aldosivi? Mucho amig@ lector. Vélez se quemó con el Lechero y sin dudas no quería llorar de nuevo, esta vez ante el Tiburón de Perazzo.

¿Pero qué tanto cambió la cosa si se volvió a ganar por la mínima, cuestionaría un resultadista ortodoxo? Cambió la forma no sólo de ver sino también de sentir y vivir el fútbol. Vélez, aún en formación, con nombres nuevos y errores viejos, se animó a jugar al fútbol, y en algunos casos “a la pelota” como en aquellos potreros donde nace el amor por la nº 5.

El Fortín salió a la cancha con la vergüenza deportiva de su última presentación por Copa Argentina, sabiendo que tenía en la columna de deudas una muy grande ante su gente y ante ellos mismos. Pero también lo hizo con el empujón y la pata ancha que le dejó la goleada ante Tigre la semana pasada y la chance de confirmar el buen momento.

4-4-2, el esquema clásico de De Felippe, con algunos cambios cargadísimos de la nueva problemática del DT: las opciones rendidoras tanto en el fondo de la trinchera como en el frente de batalla. Minutos oficiales para Rigamonti en el arco velezano, con una respuesta impecable y siempre segura, incluso en la última pelota del partido que a muchos nos hizo recordar el fantasma entrerriano de la Copa anterior y en la misma cancha y arco. Novedad en el ataque con la salida desde el túnel del Churry Cristaldo en su regreso a Vélez tras 6 años y medio fuera de la institución en reemplazo de un Romero que venía de su sparring en la Selección Argentina pero que tenía guardada una intervención vital –y polémica- para los últimos minutos del partido. Pérez Acuña por Cubero en una defensa que aún no sale de memoria y es el sector más peligrosamente inestable del equipo y un mediocampo con el destacado, una vez más, de Santiago Cáseres como el director de la orquesta. Un pibe que maneja los tiempos y espacios e incluso es capaz de dar muestras de bravura como aquellos gladiadores de los ´90, marcándole la cancha a quien se le ponga adelante con juego y personalidad.

Primer tiempo irregular pero entretenido, con un Tellechea bien contenido y un Somoza tan errático como cuando vestía la Ve azulada del lado de los marplatenses y un Cristaldo cuya mira aún descalibrada nos atragantó el grito sagrado en un par de ocasiones. Vélez quería pero no podía hacer pie y Aldosivi apostaba deliberadamente al contragolpe, un poco por su idea de juego y otro poco por las bondades que brindaban los desacoples entre el mediocampo y la defensa fortinera.

Para el complemento Don Omar movió el banco y a los 10 minutos puso a Romero por Cristaldo en el cambio cantado de la jornada: desde el vamos era sabido que ninguno estaba para los 90 minutos y se apostaría a un tiempo para cada uno. Cinco minutos después sería Nico Domínguez quien ingresaría por un Desábato que sigue sin encontrar un rendimiento medio y a falta de diez para el final Delgadillo por Pérez Acuña para desdoblar el dibujo y poner todo al ataque, esta vez con los recursos y el respaldo que hace algunos meses atrás eran difíciles de encontrar y ratificar.

Y lo que parecía un pelotazo perdido en el fondo de la cancha y el control de Quilez se convirtió en una avivada de Romero que, falta incluida, le robó la pelota al lateral del Tiburón y jugó con el manual del fútbol en los pies y en la cabeza: centro atrás y toque a la red. Fede Andrada, el pibe que se cansó de marcar goles en las inferiores de River y que le aportó ilusión al descenso de Quilmes la temporada pasada, se anotó un gol más -2 en 2- con la camiseta de El Fortín. Interesante e ilusionante ver que en la jugada del gol Vélez pisó el área rival con superioridad numérica y cuatro jugadores volcados de lleno al ataque: los ya mencionados Romero y Andrada más Delgadillo y el Monito Vargas tocando pito por el segundo palo.

El trámite del partido sólo dejó tiempo para que Rigamonti saque un pelotazo sobre la línea y ponga las emociones del público velezano en su lugar. Ilusiona también saber que hay dos arqueros en alza y dispuestos a mostrar lo mejor de su repertorio para hacerse dueños de ese arco inmenso que supieron defender y enaltecer desde Rugilo hasta Chila, pasando por Marín, Falcioni y Fillol.

Vélez jugó al fútbol. Fue al frente. Mostró carácter y argumentos. Y eso es lo que diferencia el 1 a 0 ante Alem de este 1 a 0 ante Aldosivi. Eso es lo que diferencia el aplauso mutuo con una hinchada cuya abstinencia de ver a Vélez se estaba volviendo perjudicial para la salud. Y eso también diferencia la dignidad de recoger el cheque y llevarlo para la tesorería de Juan B. Justo y Jonte a diferencia de hace algunos meses cuando la autocrítica fue tan profunda tanto dentro como fuera de la cancha que aquel premio económico tenía más pinta de limosna y hasta de arrebato.

Ganó Vélez amig@s y por suerte empieza a hacerse costumbre nuevamente, como nunca debió dejar de serlo. Se viene el Huracán en Octavos y la vara de la exigencia va subiendo a cada paso que avanzamos. La Copa Argentina es un torneo distinto y diametralmente opuesto a la Superliga: modalidad y mentalidad de juego distintas para enfrentar partidos que son a todo o nada, a gloria o casa, pero que sirven para alimentar la ilusión, el juego y la identidad colectiva. No solo del equipo, sino también de los que alentamos del otro lado del alambrado. La quemadura ante Alem pareciera empezar a cicatrizar…

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Emiliano Curuchaga @Emi_Curu